sábado, 13 de marzo de 2010

EL PARTIDO COLEGIAL Y SUS CONSECUENCIAS

¡Qué tal, Locos del Baloncesto Colegial!

Este viernes 12 de marzo, ha definido 3 de los cuatro finalistas de la competición. la final masculina ya está definida; será un apasionante San Agustín vs. Estudio. Gatos Salvajes frente a Halcones. Para definir la final femenina, donde también espera el colegio Estudio, tendremos que esperar hasta el partido que se ha definido como "Father's Day Game", porque se disputará la mañana del día 19, viernes, entre las Lobas de Agustiniano y Corazonistas.

A medida que las rondas van pasando, la tensión se acumula. Lo que hace apenas dos meses era tan solo una ilusión compartida entre 40 colegios, está a punto de ser una realidad para uno de ellos. La generación elegida de este año. En un concepto así, un montón de factores juegan a favor y en contra para lograr el objetivo que se persigue; el Estandarte de campeones en la Gran Final Colegial.

En el colegio Estudio, por ejemplo, comprobamos como la semifinal de los chicos tuvo un desenlace lógico (los pronósticos de los expertos así lo presagiaban en la página web), pero quizá algo abultado. Buen Consejo, después de hacer un excepcional torneo, llegó a esta ronda con la baja de su mejor baluarte, lesionado en un tobillo precisamente en el partido contra Joyfe. "No hemos enviado a nuestras tropas a luchar contra los elementos", podía haber dicho con razón el 'coach' de los Pieles Rojas, pero lo cierto es que no lo hizo. En los momentos previos al partido, se le escuchaba lo siguiente: "es una pena no poder contar con todos, pero el partido hay que jugarlo; ya veremos".

La Copa Colegial, queridos amigos, es claramente el torneo para encarar con esa actitud. Es, lógicamente, el torneo del "ya veremos", mucho más que un torneo para buscar excusas. La excusa es la perfecta tentación de cualquiera que encara un difícil reto, y ganar un campeonato colegial entre iguales, sin fichajes de unos sobre otros, sin intereses económicos por medio, donde es imposible aventurarse en un favoritismo a priori, sin duda lo es. Dentro de la tensión del gana-pierde, uno puede empequeñecerse quitándose la responsabilidad de en medio para tratar de ponerla en cualquiera de los factores externos que no se pueden controlar (cosa, por cierto, absolutamente típica de los peores estudiantes del colegio; aquello de,"el profesor me tiene manía", que sonaba siempre tan desafinado), o puede hacer como el entrenador de Buen Consejo el pasado viernes, y transmitir la idea de que el partido siempre hay que jugarlo... "y ya veremos".

El baloncesto, queridos locos, lo puso en marcha un profesor dentro de un recinto que era una clase. Con esos mimbres, y con su evolución lógica (asociada a los valores de la enseñanza y la educación), la competitividad sólo puede resultar una gran enseñanza de vida. Pero para que lo sea, las variables que debemos meter en la ecuación del partido tienen que ser variables que nos permitan resolver el verdadero problema que tenemos enfrente (meter al menos una canasta más que el contrario) de manera deportiva. La diferencia entre los buenos y los malos alumnos (o lo buenos y los malos jugadores) es que los buenos usan las variables deportivas, tratando de maximizarlas al 100% y aceptando las consecuencias de su rendimiento. Mientras los malos tratan siempre de mezclar esas variables con excusas. De este modo, evitan aceptar las consecuencias del propio rendimiento.

Uno de los grandes objetivos de la ABC, una Asociación de Colegios absolutamente iguales ante la clase de baloncesto; sin fichajes de unos sobre otros, sin intereses económicos más allá del crecimiento del baloncesto colegial (el mejor baloncesto que existe; el verdadero), es demostrar a todos su asociados dos cosas fundamentales:
1. Que un partido de baloncesto puede ser el mejor plan posible en un entorno colegial un viernes por la tarde
2. Que un partido es el mejor plan posible para competir y aceptar las consecuencias de nuestro rendimiento, dentro de las reglas del juego.

Estos objetivos se cumplen absolutamente cuando los entrenadores hacen declaraciones como las del entrenador de Buen Consejo antes de su semifinal. Si hubiera decidido desviar la atención hacia las variables que no podía controlar (arbitraje, lesiones, pabellones...), hubiera perdido igual, pero su derrota hubiera sido diferente.

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